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miércoles, 20 de mayo de 2015

México: el peligro para el periodismo


Sin lugar a dudas que dentro del inconsciente colectivo al hablar de México, lo primero que resuena es el tequila, las comidas picantes -los tacos-, el mariachi, o el Chavo del 8 -y su magnífico comediante Chespirito (Roberto Gómez Bolaños)-. Pero más allá de sus costumbres más reproducidas por el capitalismo y sus bellos paisajes, la cultura Azteca, los Mayas, y la visible desigualdad social, existe otra realidad. Una dura realidad. El periodismo sufre como en pocas partes del mundo: más de 80 periodistas asesinados en la última década y otros 17 desaparecidos.
Reclamo popular contra la censura periodística. Fuente: google.
Poder comentar sobre las costumbres mexicanas también conlleva la responsabilidad de explicar el condimento del contexto social en que se vive: el narcotráfico es uno de los peligros más graves que se interna en la sociedad, mientras que la represión del Estado, la corrupción y la guerrilla, son cosas del día común. Claro ejemplo de estas atrocidades es lo acontecido el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Ayotzinapa, Iguala: la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural resume la violencia institucional y la poca posibilidad de los medios de comunicación de reflejar estos hechos. “La masacre, dice la antropológa mexicana Rossana Reguillo, condensa el poder oscuro de la narco máquina, expone como pocas veces las relaciones entre el Estado y el crimen organizado y desnuda la soberbia de un gobierno nacional que se creyó capaz de gestionar el horror sin salpicarse”, informó la revista Anfibia.

¿Y cuál es el peligro para el periodismo? Debemos mencionar que no se puede especificar un solo peligro, ya que hay que comprender las 2 patas que articulan y funcionan como explotadores de la censura a la libertad de expresión. Por un lado, el periodismo no puede informar sobre ciertos temas relacionados a los negociados del narcotráfico, ya que de esa manera se arriesgan a sufrir atentados personales -o a sus familias-. Pero por el otro lugar, tampoco se puede exponer informes que comprometan al gobierno, ya que de ese modo la presión se genera desde el orden institucional. Ejemplo de ello fueron los periodistas del diario “El pulso”, cuando en 2013 sufrieron una “campaña de odio” a través de las redes sociales de parte “anónima” tras publicar informes “molestos” para el gobierno de San Luis Potosí. Por supuesto, el “anónimo” no es coincidencia. Y estos peligros, además de traer consigo la censura de temas de interés general, generan un efecto inusual: la autocensura. Y llamamos autocensura al terror generado que termina logrando influir en el accionar de los periodistas, quienes no desean investigar por miedo a sufrir consecuencias aberrantes. Sin lugar a dudas, esto es lo más parecido a una dictadura para el periodismo.
Marcha en repudio a lo acontecido en Ayotzinapa. Fuente: google.


Reporteros sin fronteras (RFS) ha dado muestras de la complicada situación que vive el país mexicano y expuso en su informe la autocensura por parte de los periodistas: “Este clima de violencia e impunidad ha obligado a numerosos periodistas a exiliarse para huir de las amenazas que enfrentan ellos y, con frecuencia, sus familias. Numerosos medios de comunicación han renunciado a abordar el tema del narcotráfico por temor a represalias violentas, de allí un clima de autocensura perjudicial para la libertad de información. Las redes sociales se han convertido en ocasiones en las únicas fuentes de información sobre los estragos ligados a los cárteles de la droga, que no dudan en tomar como blanco a los blogueros que intentan romper la espiral de silencio”, señalan desde la organización. Podemos ver y analizar entonces la importancia que toma la nueva forma de hacer periodismo llamada “Periodismo 2.0″. Como bien expresa RSF, muchas veces el internet, los blogs o el wordpress, son los únicos espacios para poder compartir y difundir información de alto riesgo, como es el narcotráfico o los arreglos políticos con los medios de comunicación para que no exploten de violencia las pantallas de los televidentes, y poder ahuyentar un clima de “violencia desmedida” en el país.


Por: Juan Manuel Senese

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